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Almodóvar se abre en canal: ¿es ético escribir de vidas ajenas?

Poster de Almodóvar se abre en canal: ¿es ético escribir de vidas ajenas?
Por Javier Heras
Bárbara Lennie y Leonardo Sbaraglia protagonizan 'Amarga Navidad', un melodrama honesto y auto referencial sobre las dudas morales de los creadores

Cuando parece que a Pedro Almodóvar no le quedan ya nuevas metas, el genio manchego siempre responde. Después de su primer largometraje en inglés (La habitación de al lado, 2024), que logró el León de Oro de Venecia -primero en la Historia del cine español-, con Amarga Navidad vuelve a su idioma natal y a una historia propia. Tanto o más que la de Dolor y gloria (2019). Porque si aquel parecía su testamento autobiográfico, al repasar su propia vida y sus recuerdos, aquí indaga en algo aún más íntimo y profundo: su proceso creativo. Las inquietudes, los miedos y, en especial, las dudas morales. ¿Es lícito emplear las historias reales que nos cuentan las personas que nos rodean?, ¿apropiarnos de su privacidad? En su película número 24, el maestro de Calzada de Calatrava (1949) reúne de nuevo a un reparto de altísimo nivel: a los inmensos Bárbara Lennie (Magical Girl), Leonardo Sbaraglia (Concursante) y Aitana Sánchez-Gijón (Madres paralelas) se suman Quim Gutiérrez (Primos), Victoria Luengo (Suro), Milena Smit (No matarás), Patrick Criado (Antidisturbios), aparte de breves intervenciones de sus musas de siempre (Rossy de Palma, Carmen Machi). Honesta, vibrante, retadora para el espectador, Amarga Navidad llega el 20 de marzo a nuestros cines.

El autor de Átame acostumbra a hablar de cine dentro de cine: ya sea a través de rodajes (La mala educación), de referencias a otras películas (ese Amante menguante en Hable con ella) o de guiños a su filmografía (esa Chicas y maletas de Los abrazos rotos). Sin embargo, nunca había construido una narrativa tan compleja como en esta Amarga Navidad. En la trama, un cineasta escribe (en 2026) un guión sobre una directora (en 2004), paralizada por sus ataques de pánico y migrañas, tras haber perdido a su madre (una crisis que sufrió el propio Almodóvar). El filme salta entre las dos ficciones, que se contaminan mutuamente. Y sitúa en primer plano el debate ético de recurrir, en sus creaciones artísticas, al dolor ajeno que otros les han confiado. Después de cuatro décadas de carrera -dos Oscar, diez Goya-, esta leyenda sigue reafirmándose en su estilo: un tono de melodrama, temas crepusculares, personajes con traumas, diálogos más literarios que coloquiales, momentos cómicos, una refinada puesta en escena cada vez más minimalista, bloques de colores primarios, una escapada a Lanzarote, canciones de Chavela. Entre sus colaboradores, la banda sonora solo podía ser del laureado Alberto Iglesias (15 títulos desde La flor de mi secreto, 1995); en la fotografía, el veterano José Luis Alcaine cede el relevo a Pau Esteve (Los tigres, El buen patrón), y en el vestuario regresa Paco Delgado (nominado al Oscar por La chica danesa y Los miserables), con quien trabajó en La piel que habito.