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Una oda a Jane Austen y al cine de época

Poster de Una oda a Jane Austen y al cine de época
Por Javier Heras
La nueva versión de 'Sentido y sensibilidad' es un placer para los ojos y los oídos y, a la vez, una adaptación fiel del texto. Con Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles

Entre las decenas de adaptaciones (se contabilizan más de 70) de la literatura de Jane Austen, una sobresale por encima de todas: la de Sentido y sensibilidad que firmó en 1995 Ang Lee, con Emma Thompson, Kate Winslet y Hugh Grant. El guión adaptado -de la propia Thompson- ganó el Oscar. Con el listón tan alto, ¿era necesaria una nueva versión del clásico? Probablemente las nuevas generaciones lo agradezcan. En todo caso, esta Sentido y sensibilidad de 2026 brilla por derecho propio, y aspirará a unos cuantos premios, sobre todo los de vestuario y diseño de producción. Da gusto verla: sus imágenes son exuberantes, pictóricas, pero a la vez realistas y delicadas. Recrean la Inglaterra del XVIII con buen gusto, aire clásico, luz natural y detalles de época, pero sin el preciosismo de postal de Cumbres borrascosas, de Emerald Fennell. A su vez, se mantiene fiel al texto original, a diferencia de actualizaciones como la de Greta Gerwig en Mujercitas. La famosa novela de 1811 sigue las vicisitudes de dos hermanas muy diferentes: la mayor, Elinor, racional, pragmática y contenida; la menor, Marianne, impulsiva, rebelde y apasionada. Tras la ruina familiar, se ven abocadas a casarse con hombres ricos que las mantengan... ¿o a seguir soñando con el amor romántico?

Aunque en el centro de la trama se sitúen los enredos sentimentales, la obra es un retrato costumbrista de una sociedad burguesa (su clasismo, privilegios, obsesión económica, ambición por ascender), así como de un patriarcado que reducía al mínimo las opciones de las mujeres, siempre presionadas por obligaciones familiares. Pero Sentido y sensibilidad también habla del profundo vínculo entre dos hermanas, y esto se refleja de forma inmejorable aquí: la química entre Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles resulta palpable. Ambas saltaron a la fama por las series: la primera por Normal People, la segunda (hija de Samantha Morton) por Hanna. La frescura y complicidad que transmiten aporta naturalidad a esta lectura del clásico. Las acompañan los jóvenes George McKay (protagonista de 1917), Frank Dillane (Urchin), Herbert Nordrum (La peor persona del mundo) y una memorable robaescena de impecable vis cómica: la veterana Fiona Shaw (Killing Eve). Con semejantes nombres, algunos especialistas apuntan que optará al Oscar a Mejor Casting. Tras la cámara se halla la británica Georgia Oakley (1988), que después de una exitosa trayectoria en el corto debutó con Blue Jean, premiada en festivales como Venecia y Sevilla. Se situaba también en una época (1988) en la que las restricciones externas (el gobierno de Margaret Thatcher) limitaban la vida personal de las mujeres (una ley homófoba). Ahora, en Sentido y sensibilidad, mantiene la elegancia, la mirada sutil, la calidez y ternura de su ópera prima.